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	<title>La Navidad en el Mundo&#187; Cuentos de navidad</title>
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	<description>Un Sitio para disfrutar de estas navidades y fiestas en todo el planeta.</description>
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		<title>El Ángel de los Niños</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Dec 2007 12:18:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de navidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuenta una leyenda que a un angelito que estaba en el cielo, le tocó su turno de nacer como niño y le dijo un día a Dios:
- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo vivir? tan pequeño e indefenso como soy.
- Entre muchos ángeles escogí uno para tí, que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuenta una leyenda que a un angelito que estaba en el cielo, le tocó su turno de nacer como niño y le dijo un día a Dios:</p>
<p>- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo vivir? tan pequeño e indefenso como soy.<br />
- Entre muchos ángeles escogí uno para tí, que te está esperando y que te cuidará.</p>
<p>- Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.<br />
- Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.</p>
<p>-¿Y cómo entender lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?<br />
- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar.</p>
<p>-¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo?<br />
- Tu ángel te juntará las manitas te enseñará a orar y podrás hablarme.<br />
<span id="more-246"></span><br />
- He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?<br />
- Tu ángel te defenderá más aún a costa de su propia vida.</p>
<p>- Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor.<br />
- Tu ángel te hablará siempre de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado.</p>
<p>En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño presuroso repetía con lágrimas en sus ojitos sollozando&#8230;</p>
<p>-¡Dios mío, si ya me voy dime su nombre!. ¿Cómo se llama mi ángel?<br />
- Su nombre no importa, tu le dirás : MAMÁ.</p>
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		<title>El niño que lo quiere todo</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Dec 2007 17:18:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de navidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Había una vez un niño que se llamaba Jorge, su madre María y el padre Juan. En el día de los Reyes Magos se pidió más de veinte cosas. Su madre le dijo: Pero tú comprendes que mira te voy a decir que los Reyes Magos tienen camellos, no camiones, segundo, no te caben en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Había una vez un niño que se llamaba Jorge, su madre María y el padre Juan. En el día de los Reyes Magos se pidió más de veinte cosas. Su madre le dijo: Pero tú comprendes que mira te voy a decir que los Reyes Magos tienen camellos, no camiones, segundo, no te caben en tu habitación, y, tercero, mira otros niños tú piensa en los otros niños, y no te enfades porque tienes que pedir menos.</p>
<p>El niño se enfadó y se fue a su habitación. Y dice su padre a María: Ay, se quiere pedir casi una tienda entera, y su habitación está llena de juguetes.<br />
María dijo que sí con la cabeza. El niño dijo con la voz baja: Es verdad lo que ha dicho mamá, debo de hacerles caso, soy muy malo.</p>
<p>Llegó la hora de ir al colegio y dijo la profesora: Vamos a ver, Jorge, dinos cuántas cosas te has pedido.<br />
<span id="more-227"></span><br />
Y dijo bajito: Veinticinco. La profesora se calló. Cuando terminó todos se fueron y la señorita le dijo a Jorge que no tenía que pedir tanto. Cuando sus padres se tuvieron que ir, Jorge cambió inmediatamente la carta, aunque se pidió quince cosas. Cuando llegaron sus padres les dijo que había quitado diez cosas de la lista. Los padres pensaron: Bueno, no está mal.<br />
Y dijeron: ¿Y eso lo vas a compartir con tus amigos?</p>
<p>Jorge dijo: No, porque son míos y no los quiero compartir.</p>
<p>Se dieron cuenta de que no tenía ni Belén ni árbol de Navidad. Y fueron a una tienda, pero se habían agotado. Fueron a todas partes, pero nada. El niño mientras iba en el coche vio una estrella y rezó esto: Ya sé que no rezo mucho, perdón, pero quiero encontrar un Belén y un árbol de Navidad. De pronto, se les paró el coche, se bajaron, y se les apareció un ángel que dijo a Jorge: Has sido muy bueno en quitar cosas de la lista así que os daré el Belén y el árbol. Pasaron tres minutos y continuó el ángel: Miren en el maletero y veréis. Mientras el ángel se fue. Juan dijo: ¡Eh, muchas gracias! Pero, ¿qué pasa con el coche? Y dijo la madre: ¡Anda, si ya funciona! ¡Se ha encendido solo! Y el padre dio las gracias de nuevo.</p>
<p>Por fin llegó el día tan esperado, el día de los Reyes Magos. Cuando Jorge se levantó y fue a ver los regalos que le habían traído, se llevó una gran sorpresa. Le habían traído las veinticinco cosas de la lista. Enseguida, despertó a sus padres y les dijo que quería repartir sus juguetes con los niños más pobres.</p>
<p>Pasó una semana y el niño trajo a casa a muchos niños pobres. La madre de Jorge hizo el chocolate y pasteles para todos. Todos fueron muy felices. Y colorín, colorado, este cuento acabado.</p>
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		<title>Romance del Nacimiento (San Juan de la Cruz)</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Dec 2007 17:28:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de navidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado
de su tálamo salía,
abrazado con su esposa,
que en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre
en su pesebre ponía,
entre unos animales
que a la sazón allí había,
los hombres decían cantares,
los ángeles melodía,
festejando el desposorio
que entre tales dos había,
pero Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía,

que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya que era llegado el tiempo<br />
en que de nacer había,<br />
así como desposado<br />
de su tálamo salía,</p>
<p>abrazado con su esposa,<br />
que en sus brazos la traía,<br />
al cual la graciosa Madre<br />
en su pesebre ponía,</p>
<p>entre unos animales<br />
que a la sazón allí había,<br />
los hombres decían cantares,<br />
los ángeles melodía,</p>
<p>festejando el desposorio<br />
que entre tales dos había,<br />
pero Dios en el pesebre<br />
allí lloraba y gemía,<br />
<span id="more-198"></span></p>
<p>que eran joyas que la esposa<br />
al desposorio traía,<br />
y la Madre estaba en pasmo<br />
de que tal trueque veía:</p>
<p>el llanto del hombre en Dios,<br />
y en el hombre la alegría,<br />
lo cual del uno y del otro<br />
tan ajeno ser solía</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El cocinero de Nochebuena</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Dec 2007 20:00:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de navidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Ésta es la historia de un cocinero que debía preparar una sabrosa cena de Nochebuena. Había trabajado tanto durante los meses precedentes que se vio abandonado por la inspiración, precisamente en la época más importante del año. Pasaba el día pensando e ideando menús navideños, sin que ninguno de ellos lograra satisfacerle. Así llegó la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://lanavidad.es/wp-content/uploads/cocinero1.jpg" title="cocinero"><img src="http://lanavidad.es/wp-content/uploads/cocinero1.thumbnail.jpg" alt="cocinero" align="left" hspace="3" vspace="3" /></a>Ésta es la historia de un cocinero que debía preparar una sabrosa cena de Nochebuena. Había trabajado tanto durante los meses precedentes que se vio abandonado por la inspiración, precisamente en la época más importante del año. Pasaba el día pensando e ideando menús navideños, sin que ninguno de ellos lograra satisfacerle. Así llegó la víspera de Navidad y él seguía huérfano de ideas.</p>
<p>Tan cansado estaba que le pudo el sueño y se quedó dormido sobre la mesa de la cocina, rodeado de libros y cuadernos de recetas. Se vio convertido en un orondo Papá Noel con su abultado saco al hombro, y viajando a bordo de un bello trineo que se deslizaba silencioso por la nieve al son de un dulce tintineo de campanillas. Desconocía el lugar al que se dirigía, pero intuía que el trineo conocía su destino. Porque debo decir que el vehículo que le transportaba no era tirado por ciervos ni por renos, sino que únicamente se desplazaba guiado por una fuerza invisible.</p>
<p><span id="more-159"></span>Una vez finalizado el viaje, el trineo se detuvo ante una rústica casita en el bosque, de cuya chimenea escapaba un inmaculado y cálido humo blanco. Llamó a la puerta y ésta se abrió al instante, sin que nadie apareciera tras ella. Entró en la casa y halló un bello salón decorado con toques navideños que provocó en él una profunda y hogareña sensación. Un pequeño abeto le hacía guiños junto a la chimenea encendida, cuyos troncos crepitaban e iluminaban la estancia con sus llamas, y de la que colgaban unos calcetines de bellos colores, esperando ser llenados de regalos. En el centro de la estancia, una acogedora mesa, bellamente dispuesta y con las velas encendidas, esperaba ser cubierta de manjares. No había nadie a su alrededor, y sin embargo se sentía acompañado por presencias invisibles que él percibía, aún sin verlas. Depositó el saco en el suelo y se dispuso a abrirlo. Desconocía lo que podía albergar y por un momento sintió que su corazón latía con más fuerza. Se sentó en una mullida butaca junto a la chimenea y con manos temblorosas empezó a extraer el contenido.</p>
<p>Lo primero que apareció fue una bella sopera con una reconfortante Sopa de Crema, hecha con una gallina entera, aderezada con unos diminutos dados de su pechuga. Levantó la tapa y una oleada de vapor repleto de aromas empañó sus gafas. Después, un dorado y casi líquido Queso Camembert hecho al horno, con aromas de ajo y vino blanco, acompañado de un crujiente pan hizo que su boca se llenara de agua. Hundió la nariz en él y lo depositó sobre la mesa. Su tercer hallazgo fue una Pierna de Cerdo rellena con ciruelas pasas y beicon ahumado que venía acompañada de un sin fin de guarniciones, a cual más apetitosas: cremoso puré de patata aromatizado con aceite de ajo y con mostaza, salsas agridulces y chutneys irresistibles, compota de manzana con vinagre y miel&#8230; ¡de ensueño! Dispuso la inmensa fuente en el centro de la mesa y aspiró los intensos aromas que aquella sinfonía de contrastes culinarios le ofrecía. En un rincón del salón, reparó en una mesita auxiliar dispuesta para los postres y allí colocó un crujiente Strudel de Manzana y nueces y una espectacular Anguila de Mazapán, una dulcera de cristal que albergaba una deliciosa Compota de Navidad al Oporto y un insólito Helado de Polvorones. Apenas podía creer lo que estaba sucediendo, se sentía embargado por la emoción. El menú tocaba a su fin y comprendió que era hora de abandonar aquella cálida casita, para dejar que sus moradores disfrutaran en la intimidad de las exquisitas viandas que había traído en su saco. Pensó que los manjares se enfriarían si no lo hacía pronto, pero comprendió que el calor, material y espiritual, que invadía todos y cada uno de los rincones de la estancia se encargaría de mantenerlos a la temperatura adecuada.</p>
<p>Como toque final a su visita, llenó los calcetines de la chimenea con figuritas de mazapán, polvorones y turrones, que sin duda harían las delicias de los niños&#8230; y de los menos niños. Le despertó el borboteo de un caldo que había dejado en el fuego y que amenazaba con desbordar el puchero. Era ya de madrugada, pero aún tenía tiempo de ponerse manos a la obra y elaborar el menú de la casita del bosque. La fuerza invisible que guiaba el trineo no era otra cosa que el amor que el cocinero sentía por el mundo de la cocina.</p>
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		<title>La niña de los fósforos</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Nov 2007 12:00:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de navidad]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[andersen]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[navidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuento clásico navideño de Hans Christian Andersen
¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos.
Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://lanavidad.es/wp-content/uploads/nina_de_los_fosforos.jpg" title="La Niña de los Fosforos"><img border="3" vspace="3" align="left" width="102" src="http://lanavidad.es/wp-content/uploads/nina_de_los_fosforos.jpg" hspace="3" alt="La Niña de los Fosforos" height="124" /></a>Cuento clásico navideño de <strong>Hans Christian Andersen</strong></p>
<p>¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos.</p>
<p>Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en direcciones opuestas.</p>
<p>La niña caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y azules del frío; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha <span id="more-88"></span>hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos. Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes. Era el día de Nochebuena, y en esta festividad pensaba la infeliz niña.</p>
<p>Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda. Su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayores aberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manecitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Cómo alumbraba y cómo ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con su mano. ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!</p>
<p>Pero todo acaba en el mundo. La niña extendió sus piececillos para calentarlos también; más la llama se apagó: ya no le quedaba a la niña en la mano más que un pedacito de cerilla. Frotó otra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvo la ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría.</p>
<p>Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico nacimiento: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse y sonreír a la niña. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. Una de ellas pasó trazando una línea de fuego en el cielo.</p>
<p>-Esto quiere decir que alguien ha muerto- pensó la niña; porque su abuelita, que era la única que había sido buena para ella, pero que ya no existía, le había dicho muchas veces: &#8220;Cuando cae una estrella, es que un alma sube hasta el trono de Dios&#8221;.</p>
<p>Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.</p>
<p>-¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento!</p>
<p>Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios.</p>
<p>Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser sentado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.</p>
<p>-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguien.</p>
<p>Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandor había entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos.</p>
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		<title>Un Sueño de Navidad</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Nov 2007 10:54:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de navidad]]></category>

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		<description><![CDATA[La noche tenía un Cielo brillante. Las estrellas habían salido en alegres grupos para iluminarlo y advertir y precisar ante los habitantes de la tierra que era la víspera de la Navidad, por lo que nadie podía tener amarguras, ni peleas, ni guerras. Se acercaba el Nacimiento de Jesús, la mejor noticia que el Mundo iba a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La noche tenía un Cielo brillante. Las estrellas habían salido en alegres grupos para iluminarlo y advertir y precisar ante los habitantes de la tierra que era la víspera de la Navidad, por lo que nadie podía tener amarguras, ni peleas, ni guerras. Se acercaba el Nacimiento de Jesús, la mejor noticia que el Mundo iba a recibir por los siglos de los siglos.     Era, en cierta forma, el mensaje de paz que la Madre Naturaleza lanzaba, en una estación invernal, a un mundo convulsionado por las guerras, por los espíritus belicosos, por los hombres que habían olvidado que muy jóvenes, desde su nacimiento, habían creado un núcleo denominado Familia, que con el paso de los años se estaba desintegrando, con lo cual los grandes valores morales y éticos, dolorosamente, se escabullían.  </p>
<p>También ese Cielo tan preciosamente iluminado quería despertar la conciencia de tántos y tántos jóvenes -hombres y mujeres-  sumidos en la más tremenda oscuridad porque una vez, pese a las numerosas advertencias, ingresaron en el mundo de las drogas. Y a muchísimos les costaba salir luego de ellas. Y, generalmente, pasaban a convertirse en delincuentes porque su adicción les obligaba a matar o a robar. <span id="more-46"></span></p>
<p>El Cielo quería con esa luminosidad indicar el camino para quienes son causantes de las grandes epidemias que, como el Sida, van extendiéndose por el mundo, y señalarles que, con mínimas precauciones, podían evitar su propagación y no seguir siendo la causa de miles y miles de muertes. </p>
<p>Quería también el Cielo, rodeado de estrellas que se mantenían firmes y no eran fugaces, dar una luz de esperanza para  millones de personas víctimas del racismo y la xenofobia, por el color de su piel, por su procedencia, por su condición ecónomica débil, para que tuvieran un hálito de paz y pensaran que un día no muy lejano serían bien recibidos y desaparecerían todas las persecuciones, los malos y despectivos tratos, las mofas y podrían trabajar y establecerse en países que no eran los suyos para ayudar a crear riquezas y poder subsistir decorosamente.  </p>
<p>La víspera del Nacimiento del Niño Dios, un Cielo tan resplandeciente, pretendía indicar que todas las religiones eran igualmente respetables y que en nombre de ninguna de ellas se podía incitar al crimen, al terrorismo, a la violencia porque, precisamente Dios, creó al mundo para que la gente se entendiese mediante la palabra. </p>
<p>Desde miles de kilómetros de distancia, el Cielo ofrecía a la vista un hermoso panorama, como queriendo decir que iban a desaparecer las desigualdades sociales; que los hombres y mujeres de buena voluntad contarían con los recursos indispensables para su supervivencia y que la pobreza y la miseria pasarían a ser elementos de un lejano pasado. Así se conseguiría que la felicidad fuera la norma general , que ya nadie pasaría hambre, que todos contarían con una vivienda digna, con eficientes sistemas de salud y de educación, sin prejuicios sociales ni discriminaciones. </p>
<p>En fin, ese conglomerado de estrellas no se había asomado al Cielo para darle un simple colorido. No. En cada uno de sus reflejos luminosos traía un mensaje específico para que se acabaran las guerras; para que la familia volviera a ser  ese gran núcleo compacto donde predominase el diálogo,  como símbolo de unidad; para que desapareciesen las pandemias, causantes de tántas muertes; para que no hubiese nunca más las drogas malignas y se eliminaran para siempre las redes de narcotraficantes; para que el blanco, el negro, el amarillo y todas las razas convivieran pacíficamente ayudándose unas a otras;  para que todas las religiones se uniesen en un sólo objetivo de ser auténticas guías espirituales y, en su nombre, no volviesen a aparecer vientos bélicos; para que en todo el mundo las divergencias, las diferencias entre los seres humanos encontraran la solución mediante el diálogo. </p>
<p>Todo esto lo soñé con una extrema felicidad, con el orgullo de pertenecer a una raza humana que había encontrado, sin vacilaciones, por fin, el camino amplio de la confraternización; el Cielo parecía decirme: &#8220;goza bien de esta noche, que a lo mejor nunca se repetirá. Pero cuando despiertes trata de convertirte en una adalid de las buenas  y nobles causas. Debes formar causa común con tu familia, con tus amigos, para que todos, como una sóla persona, procuren hacer el bien&#8221;.    </p>
<p>Pero, desafortunadamente todo era un sueño. Tuve que despertar y encontrarme con  la realidad, con esa cruda realidad, que muchas veces, con gesto dolorido, remueve las entrañas ante tántos hechos dolorosos, tristes, injustos y amargos que se viven a diario  Durante la noche la lluvia y la nieve se habían entremezclado y el Cielo había estado permanentemente a oscuras. Mi mente había ideado un mundo digno. Un mundo construido para el ser humano. Un mundo, sin embargo, destruido por el propio ser humano, debido a su egoísmo, a no saber alejar de su corazón las malas obras y la cizaña y  por tener abierta su mente y su pensamiento para el mal  cerrándole todas sus puertas al bien. La noche tenía un Cielo brillante. Las estrellas habían salido en alegres grupos para iluminarlo y advertir y precisar ante los habitantes de la tierra que era la víspera de la Navidad, por lo que nadie podía tener amarguras, ni peleas, ni guerras. Se acercaba el Nacimiento de Jesús, la mejor noticia que el Mundo iba a recibir por los siglos de los siglos.</p>
<p>Era, en cierta forma, el mensaje de paz que la Madre Naturaleza lanzaba, en una estación invernal, a un mundo convulsionado por las guerras, por los espíritus belicosos, por los hombres que habían olvidado que muy jóvenes, desde su nacimiento, habían creado un núcleo denominado Familia, que con el paso de los años se estaba desintegrando, con lo cual los grandes valores morales y éticos, dolorosamente, se escabullían. También ese Cielo tan preciosamente iluminado quería despertar la conciencia de tántos y tántos jóvenes -hombres y mujeres- sumidos en la más tremenda oscuridad porque una vez, pese a las numerosas advertencias, ingresaron en el mundo de las drogas. Y a muchísimos les costaba salir luego de ellas. Y, generalmente, pasaban a convertirse en delincuentes porque su adicción les obligaba a matar o a robar.</p>
<p>El Cielo quería con esa luminosidad indicar el camino para quienes son causantes de las grandes epidemias que, como el Sida, van extendiéndose por el mundo, y señalarles que, con mínimas precauciones, podían evitar su propagación y no seguir siendo la causa de miles y miles de muertes. Quería también el Cielo, rodeado de estrellas que se mantenían firmes y no eran fugaces, dar una luz de esperanza para millones de personas víctimas del racismo y la xenofobia, por el color de su piel, por su procedencia, por su condición ecónomica débil, para que tuvieran un hálito de paz y pensaran que un día no muy lejano serían bien recibidos y desaparecerían todas las persecuciones, los malos y despectivos tratos, las mofas y podrían trabajar y establecerse en países que no eran los suyos para ayudar a crear riquezas y poder subsistir decorosamente. La víspera del Nacimiento del Niño Dios, un Cielo tan resplandeciente, pretendía indicar que todas las religiones eran igualmente respetables y que en nombre de ninguna de ellas se podía incitar al crimen, al terrorismo, a la violencia porque, precisamente Dios, creó al mundo para que la gente se entendiese mediante la palabra.</p>
<p>Desde miles de kilómetros de distancia, el Cielo ofrecía a la vista un hermoso panorama, como queriendo decir que iban a desaparecer las desigualdades sociales; que los hombres y mujeres de buena voluntad contarían con los recursos indispensables para su supervivencia y que la pobreza y la miseria pasarían a ser elementos de un lejano pasado. Así se conseguiría que la felicidad fuera la norma general , que ya nadie pasaría hambre, que todos contarían con una vivienda digna, con eficientes sistemas de salud y de educación, sin prejuicios sociales ni discriminaciones.</p>
<p>En fin, ese conglomerado de estrellas no se había asomado al Cielo para darle un simple colorido. No. En cada uno de sus reflejos luminosos traía un mensaje específico para que se acabaran las guerras; para que la familia volviera a ser ese gran núcleo compacto donde predominase el diálogo, como símbolo de unidad; para que desapareciesen las pandemias, causantes de tántas muertes; para que no hubiese nunca más las drogas malignas y se eliminaran para siempre las redes de narcotraficantes; para que el blanco, el negro, el amarillo y todas las razas convivieran pacíficamente ayudándose unas a otras; para que todas las religiones se uniesen en un sólo objetivo de ser auténticas guías espirituales y, en su nombre, no volviesen a aparecer vientos bélicos; para que en todo el mundo las divergencias, las diferencias entre los seres humanos encontraran la solución mediante el diálogo.</p>
<p>Todo esto lo soñé con una extrema felicidad, con el orgullo de pertenecer a una raza humana que había encontrado, sin vacilaciones, por fin, el camino amplio de la confraternización; el Cielo parecía decirme: &#8220;goza bien de esta noche, que a lo mejor nunca se repetirá. Pero cuando despiertes trata de convertirte en una adalid de las buenas y nobles causas. Debes formar causa común con tu familia, con tus amigos, para que todos, como una sóla persona, procuren hacer el bien&#8221;.</p>
<p> Pero, desafortunadamente todo era un sueño. Tuve que despertar y encontrarme con la realidad, con esa cruda realidad, que muchas veces, con gesto dolorido, remueve las entrañas ante tántos hechos dolorosos, tristes, injustos y amargos que se viven a diario Durante la noche la lluvia y la nieve se habían entremezclado y el Cielo había estado permanentemente a oscuras. Mi mente había ideado un mundo digno. Un mundo construido para el ser humano. Un mundo, sin embargo, destruido por el propio ser humano, debido a su egoísmo, a no saber alejar de su corazón las malas obras y la cizaña y por tener abierta su mente y su pensamiento para el mal cerrándole todas sus puertas al bien.</p>
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		<title>El Ángel de los Niños  Anónimo</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Nov 2007 10:36:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de navidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuenta una leyenda que a un angelito que estaba en el cielo, le tocó su turno de nacer como niño y le dijo un día a Dios:- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo vivir? tan pequeño e indefenso como soy.
- Entre muchos ángeles escogí uno para tí, que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Cuenta una leyenda que a un angelito que estaba en el cielo, le tocó su turno de nacer como niño y le dijo un día a Dios:</font><font size="2" face="Verdana">- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo vivir? tan pequeño e indefenso como soy.<br />
- Entre muchos ángeles escogí uno para tí, que te está esperando y que te cuidará.</p>
<p>- Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.<br />
- Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.</p>
<p>-¿Y cómo entender lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?<br />
- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar.<br />
<span id="more-45"></span><br />
-¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo?<br />
- Tu ángel te juntará las manitas te enseñará a orar y podrás hablarme.</p>
<p>- He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?<br />
- Tu ángel te defenderá más aún a costa de su propia vida.</p>
<p>- Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor.<br />
- Tu ángel te hablará siempre de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado.</p>
<p>En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño presuroso repetía con lágrimas en sus ojitos sollozando&#8230;</p>
<p>-¡Dios mío, si ya me voy dime su nombre!. ¿Cómo se llama mi ángel?<br />
- Su nombre no importa, tu le dirás : MAMÁ. <font size="1"><br />
</font></p>
<p></font></p>
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		<title>El Gigante Egoísta &#8211; Oscar Wilde</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Nov 2007 10:35:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Todas las tardes, a la salida de la escuela, los niños se habían acostumbrado a ir a jugar al jardín del gigante. Era un jardín grande y hermoso, cubierto de verde y suave césped. Dispersas sobre la hierba brillaban bellas flores como estrellas, y había una docena de melocotones que, en primavera, se cubrían de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Todas las tardes, a la salida de la escuela, los niños se habían acostumbrado a ir a jugar al jardín del gigante. Era un jardín grande y hermoso, cubierto de verde y suave césped. Dispersas sobre la hierba brillaban bellas flores como estrellas, y había una docena de melocotones que, en primavera, se cubrían de delicados capullos rosados, y en otoño daban sabroso fruto.</font><font size="2" face="Verdana">Los pájaros se posaban en los árboles y cantaban tan deliciosamente que los niños interrumpían sus juegos para escucharlos.</p>
<p>-¡Qué felices somos aquí!- se gritaban unos a otros.</p>
<p>Un día el gigante regresó. Había ido a visitar a su amigo, el ogro de Cornualles, y permaneció con él durante siete años. Transcurridos los siete años, había dicho todo lo que tenía que decir, pues su conversación era limitada, y decidió volver a su castillo. Al llegar vio a los niños jugando en el jardín. <span id="more-44"></span></p>
<p>-¿Qué estáis haciendo aquí?- les gritó con voz agria. Y los niños salieron corriendo.</p>
<p>-Mi jardín es mi jardín- dijo el gigante. -Ya es hora de que lo entendáis, y no voy a permitir que nadie mas que yo juegue en él.</p>
<p>Entonces construyó un alto muro alrededor y puso este cartel:<br />
Prohibida la entrada.<br />
Los transgresores serán<br />
procesados judicialmente.</p>
<p>Era un gigante muy egoísta.</p>
<p>Los pobres niños no tenían ahora donde jugar.</p>
<p>Trataron de hacerlo en la carretera, pero la carretera estaba llena de polvo y agudas piedras, y no les gustó.</p>
<p>Se acostumbraron a vagar, una vez terminadas sus lecciones, alrededor del alto muro, para hablar del hermoso jardín que había al otro lado.</p>
<p>-¡Que felices éramos allí!- se decían unos a otros.</p>
<p>Entonces llegó la primavera y todo el país se llenó de capullos y pajaritos. Solo en el jardín del gigante egoísta continuaba el invierno.</p>
<p>Los pájaros no se preocupaban de cantar en él desde que no había niños, y los árboles se olvidaban de florecer. Solo una bonita flor levantó su cabeza entre el césped, pero cuando vio el cartel se entristeció tanto, pensando en los niños, que se dejó caer otra vez en tierra y se echó a dormir.</p>
<p>Los únicos complacidos eran la Nieve y el Hielo.</p>
<p>-La primavera se ha olvidado de este jardín- gritaban. -Podremos vivir aquí durante todo el año</p>
<p></font><font size="2" face="Verdana">La Nieve cubrió todo el césped con su manto blanco y el Hielo pintó de plata todos los árboles. Entonces invitaron al viento del Norte a pasar una temporada con ellos, y el Viento aceptó.</font><font size="2" face="Verdana">Llegó envuelto en pieles y aullaba todo el día por el jardín, derribando los capuchones de la chimeneas.</p>
<p>-Este es un sitio delicioso- decía. -Tendremos que invitar al Granizo a visitarnos.</p>
<p>Y llegó el Granizo. Cada día durante tres horas tocaba el tambor sobre el tejado del castillo, hasta que rompió la mayoría de las pizarras, y entonces se puso a dar vueltas alrededor del jardín corriendo lo más veloz que pudo. Vestía de gris y su aliento era como el hielo.</p>
<p>-No puedo comprender como la primavera tarda tanto en llegar- decía el gigante egoísta, al asomarse a la ventana y ver su jardín blanco y frío. -¡Espero que este tiempo cambiará!</p>
<p>Pero la primavera no llegó, y el verano tampoco. El otoño dio dorados frutos a todos los jardines, pero al jardín del gigante no le dio ninguno.</p>
<p>-Es demasiado egoísta- se dijo.</p>
<p>Así pues, siempre era invierno en casa del gigante, y el Viento del Norte, el Hielo, el Granizo y la Nieve danzaban entre los árboles.</p>
<p>Una mañana el gigante yacía despierto en su cama, cuando oyó una música deliciosa. Sonaba tan dulcemente en sus oídos que creyó sería el rey de los músicos que pasaba por allí. En realidad solo era un jilguerillo que cantaba ante su ventana, pero hacía tanto tiempo que no oía cantar un pájaro en su jardín, que le pareció la música más bella del mundo. Entonces el Granizo dejó de bailar sobre su cabeza, el Viento del Norte dejó de rugir, y un delicado perfume llegó hasta él, a través de la ventana abierta.</p>
<p>-Creo que, por fin, ha llegado la primavera- dijo el gigante; y saltando de la cama miró el exterior. ¿Qué es lo que vio?</p>
<p>Vio un espectáculo maravilloso. Por una brecha abierta en el muro los niños habían penetrado en el jardín, habían subido a los árboles y estaban sentados en sus ramas. En todos los árboles que estaban al alcance de su vista, había un niño. Y los árboles se sentían tan dichosos de volver a tener consigo a los niños, que se habían cubierto de capullos y agitaban suavemente sus brazos sobre las cabezas de los pequeños.</p>
<p>Los pájaros revoloteaban y parloteaban con deleite, y las flores reían irguiendo sus cabezas sobre el césped. Era una escena encantadora. Sólo en un rincón continuaba siendo invierno. Era el rincón más apartado del jardín, y allí se encontraba un niño muy pequeño. Tan pequeño era, no podía alcanzar las ramas del árbol, y daba vueltas a su alrededor llorando amargamente. El pobre árbol seguía aún cubierto de hielo y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía en torno a él.</p>
<p>-¡Sube, pequeño!- decía el árbol, y le tendía sus ramas tan bajo como podía; pero el niño era demasiado pequeño. El corazón del gigante se enterneció al contemplar ese espectáculo.</p>
<p></font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">-¡Qué egoísta he sido- se dijo. -Ahora comprendo por qué la primavera no ha venido hasta aquí. Voy a colocar al pobre pequeño sobre la copa del árbol, derribaré el muro y mi jardín será el parque de recreo de los niños para siempre.<br />
</font><font size="1" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><br />
</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estaba verdaderamente apenado por lo que había hecho.</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se precipitó escaleras abajo, abrió la puerta principal con toda suavidad y salió al jardín.</p>
<p>Pero los niños quedaron tan asustados cuando lo vieron, que huyeron corriendo, y en el jardín volvió a ser invierno.</p>
<p>Sólo el niño pequeño no corrió, pues sus ojos estaban tan llenos de lágrimas, que no vio acercarse al gigante. Y el gigante se deslizó por su espalda, lo cogió cariñosamente en su mano y lo colocó sobre el árbol. El árbol floreció inmediatamente, los pájaros fueron a cantar en él, y el niño extendió sus bracitos, rodeó con ellos el cuello del gigante y le besó.</p>
<p>Cuando los otros niños vieron que el gigante ya no era malo, volvieron corriendo y la primavera volvió con ellos.</p>
<p>-Desde ahora, este es vuestro jardín, queridos niños- dijo el gigante, y cogiendo una gran hacha derribó el muro. Y cuando al mediodía pasó la gente, yendo al mercado, encontraron al gigante jugando con los niños en el más hermoso de los jardines que jamás habían visto.</p>
<p>Durante todo el día estuvieron jugando y al atardecer fueron a despedirse del gigante.</p>
<p>-Pero, ¿dónde está vuestro pequeño compañero, el niño que subí al árbol?- preguntó.</p>
<p>El gigante era a este al que más quería, porque lo había besado.</p>
<p>-No sabemos contestaron los niños- se ha marchado.</p>
<p>-Debéis decirle que venga mañana sin falta- dijo el gigante.</p>
<p>Pero los niños dijeron que no sabían donde vivía y nunca antes lo habían visto. El gigante se quedó muy triste.</p>
<p>Todas las tardes, cuando terminaba la escuela, los niños iban y jugaban con el gigante. Pero al niño pequeño, que tanto quería el gigante, no se le volvió a ver. El gigante era muy bondadoso con todos los niños pero echaba de menos a su primer amiguito y a menudo hablaba de él.</p>
<p>-¡Cuánto me gustaría verlo!- solía decir.</p>
<p>Los años transcurrieron y el gigante envejeció mucho y cada vez estaba más débil. Ya no podía tomar parte en los juegos; sentado en un gran sillón veía jugar a los niños y admiraba su jardín.</p>
<p>-Tengo muchas flores hermosas- decía, pero los niños son las flores más bellas.</p>
<p></font><font size="-1" face="Courier New,Courier"><a href="file:///C:/FrontPage/poem.htm"></a></font><font size="-1" face="Courier New,Courier"><a href="file:///C:/FrontPage/poem.htm"><strong><font size="2" face="Verdana"> </font></strong><font size="2" face="Verdana">Una mañana invernal miró por la ventana, mientras se estaba vistiendo. Ya no detestaba el invierno, pues sabía que no es sino la primavera adormecida y el reposo de las flores.</font><font size="2" face="Verdana">De pronto se frotó los ojos atónito y miró y remiró. Verdaderamente era una visión maravillosa. En el más alejado rincón del jardín había un árbol completamente cubierto de hermosos capullos blancos. Sus ramas eran doradas, frutos de plata colgaban de ellas y debajo, de pie, estaba el pequeño al que tanto quiso.</p>
<p>El gigante corrió escaleras abajo con gran alegría y salió al jardín. Corrió precipitadamente por el césped y llegó cerca del niño. Cuando estuvo junto a él, su cara enrojeció de cólera y exclamó:</p>
<p>- ¿Quién se atrevió a herirte?- Pues en las palmas de sus manos se veían las señales de dos clavos, y las mismas señales se veían en los piececitos.</p>
<p>-¿Quién se ha atrevido a herirte?- gritó el gigante. -Dímelo para que pueda coger mi espada y matarle.</p>
<p>-No- replicó el niño, pues estas son las heridas del amor.</p>
<p>-¿Quién eres?- dijo el gigante; y un extraño temor lo invadió, haciéndole caer de rodillas ante el pequeño.</p>
<p>Y el niño sonrió al gigante y le dijo:</p>
<p>-Una vez me dejaste jugar en tu jardín, hoy vendrás conmigo a mi jardín, que es el Paraíso.</p>
<p>Y cuando llegaron los niños aquella tarde, encontraron al gigante tendido, muerto, bajo el árbol, todo cubierto de capullos blancos.</p>
<p></font></a></font></p>
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		<title>Hansel y Grettel  Hermanos Grimm</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Nov 2007 10:34:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de navidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Había una vez un leñador muy, muy pobre que vivía junto a un enorme bosque con su esposa y sus dos hijos: un niño y una niña. El niño se llamaba Hansel, y la niña, Grettel. Siempre andaban faltos de todo y llegó un día en que la cosecha fue tan escasa que el leñador [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Había una vez un leñador muy, muy pobre que vivía junto a un enorme bosque con su esposa y sus dos hijos: un niño y una niña. El niño se llamaba Hansel, y la niña, Grettel. Siempre andaban faltos de todo y llegó un día en que la cosecha fue tan escasa que el leñador ni siquiera tenía suficiente comida para dar a su familia el pan de cada día. Cierta noche en que no podía dormirse, tantas eran sus preocupaciones, despertó a su esposa para hablar con ella.</font><font size="2" face="Verdana">¿Qué va a ser de nosotros? -le dijo-. ¿Cómo vamos a alimentar a nuestros hijos si ni siquiera hay bastante para los dos?</p>
<p>-Te diré lo que podemos hacer, esposo mío -respondió la mujer-. Mañana temprano llevaremos a los niños a la parte más espesa del bosque, encenderemos una hoguera y les daremos un trozo de pan, luego nos iremos a trabajar y los dejaremos allí solos. No podrán encontrar el camino de vuelta a casa y nos libraremos de ellos. <span id="more-43"></span></p>
<p>-No, mujer -dijo el leñador-. Me niego a hacer algo así. ¿Crees acaso que tengo el corazón de piedra? Los animales salvajes los olerían enseguida y los devorarían.</p>
<p>-¡Qué tonto eres! -exclamó la mujer-. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Nos morimos de hambre los cuatro? Muy bien, no lo hagamos, pero entonces vete cortando madera para hacer cuatro ataúdes -dijo, y no le dejó tranquilo hasta que consiguió convencerlo.</p>
<p>Los niños, que no podían dormirse a causa del hambre, escucharon las palabras de su madrastra. Grettel se puso a llorar amargamente.</p>
<p>-Estamos perdidos -le dijo a su hermano. -No -dijo Hansel-. No tengas miedo, encontraré la manera de escapar.</p>
<p>Y en efecto, en cuanto oyó roncar a sus padres, se levantó, se puso el abrigo y salió por la puerta de atrás. Era noche de luna llena y las piedrecitas que había a la entrada de la casa brillaban como si fueran de plata. Hansel se agachó y cogió cuantas le cabían en los bolsillos. Luego volvió a entrar.</p>
<p>-Tranquilízate, mi querida hermana -le dijo a Grettel-, y vete a dormir. Dios no nos abandonará -dijo, y se metió en la cama de nuevo.</p>
<p>Al día siguiente, antes incluso de que saliera el Sol, la mujer se acercó a despertar a los niños.</p>
<p>-¡Arriba, perezosos, nos vamos al bosque a cortar leña! -dijo y les dio a cada uno un trozo de pan-. Aquí tenéis, para desayunar. Y no os lo comáis todo que no hay más.</p>
<p>Grettel metió los dos trozos en su abrigo, puesto que Hansel tenía los bolsillos llenos de piedrecitas. Al cabo de unos minutos, emprendieron la marcha.</p>
<p>Después de caminar un trecho, Hansel se detuvo y miró hacia la casa, maniobra que repetía cada cierto tiempo.</p>
<p>-¡Hansel! -le dijo una de ellas su padre-. ¿Qué estás mirando? No te quedes atrás, podrías perderte.</p>
<p>-Estaba mirando a mi gato, que me saludaba con la pata desde el tejado -dijo Hansel.</p>
<p>-Pero qué burro eres -intervino la mujer de su padre-. No es tu gato, es el Sol, que se refleja en la chimenea.</p>
<p>Pero en realidad Hansel no había visto a su gato, ni siquiera se había fijado en la casa; se volvía de espaldas para dejar caer una piedrecita blanca.</p>
<p>Al llegar a la parte más densa del bosque, el padre dijo:</p>
<p>-Ahora, hijos, id a buscar leña, voy a encender un fuego para que no os quedéis fríos.</p>
<p></font><font size="2" face="Verdana">Hansel y Grettel reunieron leña bastante para hacer una pila del tamaño de una pequeña colina. Su padre la prendió fuego y en el momento en que comenzó a arder, fue la mujer la que se dirigió a los niños:</font><font size="2" face="Verdana">-Ahora tumbaos junto a la hoguera, niños. Vuestro padre y yo vamos a cortar leña. Cuando terminemos, vendremos a buscaros.</p>
<p>Hansel y Grettel se sentaron junto al fuego y a mediodía comieron sus trozos de pan. Oían los golpes del hacha, de modo que pensaban que su padre estaba cerca. Sin embargo, no se trataba del hacha. El leñador había atado una rama a un árbol y el viento hacía que golpeara contra el tronco seco del mismo. Como llevaban mucho tiempo allí quietos, acabaron por cerrárseles los ojos y se quedaron dormidos. Cuando despertaron era noche cerrada. Grettel empezó a llorar.</p>
<p>-¿Cómo vamos a salir de este bosque? -decía.</p>
<p>Hansel la consoló.</p>
<p>-Vamos a esperar a que la Luna esté en lo alto del cielo -le dijo- y encontraremos el camino.</p>
<p>En efecto, cuando la Luna comenzó a elevarse en el cielo, el niño cogió a su hermana de la mano y los dos siguieron el camino que les señalaban las piedras blancas. Caminaron durante toda la noche y al amanecer llegaron a su casa. Llamaron a la puerta y les abrió su madrastra, diciendo: -Niños, qué malos sois. ¿Por qué habéis dormido durante tanto tiempo? Ya pensábamos que no volveríais.</p>
<p>El leñador, sin embargo, se alegró muchísimo de ver a sus hijos. Su conciencia no le había dejado dormir.</p>
<p>Pero los tiempos de escasez no habían pasado y los niños, desde su cama, volvieron a oír una conversación entre su padre y su mujer.</p>
<p>-Ya nos lo hemos comido todo, sólo nos queda media hogaza de pan. Tenemos que deshacernos de los niños. Esta vez los llevaremos más lejos, para que no puedan encontrar el camino de vuelta. No hay otra manera de salvarnos.</p>
<p>El leñador sintió un gran peso en el corazón. &#8220;Preferiría compartir con ellos lo poco que nos queda&#8221;, se dijo, pero sabía que su esposa no escucharía sus argumentos y se limitaría a burlarse de él. El hombre que cede una sola vez está acabado, y como el leñador había cedido anteriormente, ahora se veía obligado a hacerlo de nuevo.</p>
<p>Pero como los niños estaban despiertos y oyeron la conversación, Hansel se levantó en cuanto sus padres se quedaron dormidos. Pretendía salir para recoger piedrecitas, como la vez anterior, pero en esta ocasión la mujer había cerrado la puerta con llave y el niño no pudo salir. Sin embargo, consoló a su hermana diciéndole:</p>
<p>-No llores, Grettel, y sigue durmiendo. Seguro que Dios nos ayuda.</p>
<p>A primera hora de la mañana, la mujer fue a despertar a los niños. Estos recibieron un trozo de pan cada uno, un trozo todavía más pequeño que en la anterior ocasión. Hansel lo partió en miguitas, y mientras se dirigían al bosque las iba echando por el camino.</p>
<p>-Hansel, ¿por qué te paras y miras hacia atrás? -le preguntó su padre.</p>
<p>-Estoy mirando a mi paloma, que está sobre el tejado, saludándome con las alas -dijo Hansel.</p>
<p>-¡Tonto! -dijo la mujer-. No es tu paloma, es el Sol, que se refleja en la chimenea.</p>
<p>La mujer los condujo a lo más profundo del bosque, más lejos que nunca, a un lugar en el que jamás habían estado. Volvieron a encender una hoguera, y la mujer dijo:</p>
<p>-Sentaos ahí, niños, y dormid si estáis cansados. Nosotros vamos al bosque a cortar madera. Volveremos por la tarde, cuando hayamos terminado.</p>
<p>A mediodía, Grettel compartió con Hansel su trozo de pan, puesto que éste había ido echando el suyo sobre el camino. Después se quedaron dormidos. Pasó la tarde, pero nadie fue a buscar a los pobres niños, que, por otra parte, no se despertaron hasta bien entrada la noche.</p>
<p>-No te preocupes -dijo Hansel consolando a su hermana-, en cuanto salga la Luna podremos ver las migas de pan que he ido dejando por el camino y así encontraremos el camino de vuelta a casa.</p>
<p>Salió la Luna por fin, pero los niños no pudieron encontrar el camino, pues los miles de pájaros que habitan en los bosques se habían ido comiendo las migas que Hansel había dejado.</p>
<p>-No importa -le dijo el niño a su hermana-, ya encontraremos la forma de regresar.</p>
<p></font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Desgraciadamente, esto no fue posible. Anduvieron durante toda la noche y todo el día siguiente, pero no pudieron encontrar un camino por el que pudieran salir del bosque. Pasaron mucha hambre, pues no encontraron nada de comer aparte de algunas bayas. Al final del día se encontraban tan agotados que sus piernas se negaban a seguir sosteniéndolos por más tiempo, de manera que se tumbaron debajo de un árbol y se durmieron.</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Al tercer día desde que abandonaran la casa de su padre, volvieron a ponerse en marcha, pero sólo consiguieron internarse en el bosque cada vez más.</p>
<p>Pronto se percataron de que si no encontraban ayuda, muy pronto acabarían por perecer. A eso del mediodía vieron un precioso pájaro blanco posado en una rama. Tan dulce era su canto que se detuvieron a escucharlo. Cuando terminó de trinar levantó el vuelo y aleteó frente a ellos. Los niños lo siguieron, llegando a un casita sobre la que el pájaro se posó. Al aproximarse más a la casa, comprobaron que estaba hecha de pan y cubierta de pasteles, mientras que la única ventana que tenía era de azúcar transparente.</p>
<p>-¡Por fin podremos comer! -exclamó Hansel-. Yo comeré un poco del tejado, Grettel, y tú puedes comerte una parte de la ventana, seguro que está muy dulce -dijo, y estiró las manos para romper un trozo de tejado con el fin de probarlo. Grettel se acercó a la ventana y comenzó a lamerla.</p>
<p>En ese momento, se oyó una aguda voz que provenía del interior:</p>
<p>-Vaya, vaya, ratoncita. ¿Quién se come mi casita?</p>
<p>Los niños respondieron:</p>
<p>-La hija del cielo, señora, la tempestad, segadora.</p>
<p>Y siguieron comiendo sin inquietarse. Hansel, a quien le gustó mucho el techo de la casa, cogió un pedazo bien grande, mientras que Grettel tomó el panel de la ventana y se sentó para disfrutar más cómodamente de él. De repente, se abrió la puerta y se asomó por ella una anciana apoyada en un bastón. Hansel y Grettel se asustaron tanto que dejaron caer lo que tenían en las manos. La anciana, sin embargo, hizo un gesto con la cabeza y dijo:</p>
<p>-¡Oh, qué bien, unos niños! ¿Quién os traído hasta aquí, queridos? Pasad y sentaos conmigo, no tengáis miedo.</p>
<p>Cogió a ambos de la mano y los metió en su casa, dándoles una deliciosa comida: leche, pasteles azucarados, manzanas y nueces. Cuando terminaron se encontraron con que había dos preciosas camitas preparadas para ellos. Nada más meterse en la cama, Hansel y Grettel se quedaron dormidos como benditos.</p>
<p>La anciana se había comportado como la más amable de las anfitrionas, pero en realidad era una vieja bruja que había seguido muy de cerca a los niños pues debéis saber que las brujas tienen los ojos de color rojo y son cortas de vista, aunque, para compensar, y como los animales, tienen un sentido del olfato muy desarrollado, especialmente para oler a los humanos; de hecho, sólo había construido la casita de pan con la intención de atraparlos en sus redes. Siempre que alguien caía en su poder, lo mataba, lo cocía y se lo comía en un gran banquete.</p>
<p>-Ya los tengo, ahora no se me pueden escapar -se dijo la bruja en cuanto los vio dormidos.</p>
<p>Por la mañana temprano, antes de que los niños se despertaran, lo primero que hizo la bruja fue ir a ver su próximo manjar. Al ver sus rosadas mejillas, sus tiernas carnes, no pudo reprimir una sonrisa.</p>
<p>-Serán un bocado exquisito -se dijo y cogió a Hansel para llevarlo al establo, donde lo encerró.</p>
<p>Luego regresó a buscar a Grettel y la sacudió hasta despertarla.</p>
<p>-Levántate, perezosa, ve por agua y haz algo de comida para tu hermano. Cuando engorde, me lo comeré.</p>
<p>Grettel se echó a llorar, aunque de poco le sirvió, porque sabía que no le quedaba más remedio que hacer lo que la bruja ordenaba.</p>
<p>Prepararon una magnífica comida para el pobre Hansel. Grettel, sin embargo, sólo comió conchas de cangrejo. Todas las mañanas, la vieja bruja se acercaba al establo.</p>
<p>-Hansel -le llamaba-, saca un dedo para que vea cómo engordas.</p>
<p>Pero Hansel siempre sacaba un hueso que la bruja, que veía muy, muy mal, confundía con uno de los dedos del niño, preguntándose por qué tardaba tanto en engordar. Al cabo de cuatro semanas perdió la paciencia.</p>
<p></font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">-¡Grettel! -llamó a la pobre niña-. Ve por agua. No me importa que esté delgado, mañana me como a Hansel.</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Grettel no podía dejar de llorar.</p>
<p>-¡Dios mío, ayúdanos! -decía mientras cogía el agua-. Si por lo menos nos hubieran devorado los animales del bosque, habríamos muerto juntos.</p>
<p>-Deja de quejarte -le dijo la bruja-, de poco te va a servir.</p>
<p>Por la mañana temprano Grettel tuvo que salir a encender el fuego para calentar el agua.</p>
<p>-Primero prepararemos el pan -dijo la bruja-. Ya he calentado el horno y hecho la masa -dijo, empujando a Grettel hacia el horno, del que salían enormes llamas-. Ahora métete dentro y mira a ver si está lo bastante caliente para hacer el pan.</p>
<p>En realidad, lo que la bruja pretendía era cerrar el horno en cuanto Grettel estuviera dentro, porque también quería comérsela a ella aquel mismo día. Pero Grettel se percató de sus intenciones.</p>
<p>-No sé qué hacer, ¿cómo entro?</p>
<p>-¡Estúpida! -se quejó la bruja-. ¿No ves que la puerta es lo bastante grande? Mira, hasta yo cabría en él -dijo, acercándose al horno y metiendo en él la cabeza.</p>
<p>En cuanto Grettel vio que la vieja metía la cabeza, le dio un empujón y la bruja cayó dentro del horno. Grettel cerró la puerta de hierro y corrió el cerrojo.</p>
<p>¡Cómo gritaba la bruja! Fue horrible, pero Grettel salió corriendo, dejando que muriese miserablemente.</p>
<p>La niña se dirigió a buscar a su hermano, abrió la puerta del establo y llamó:</p>
<p>-¡Hansel, somos libres, la bruja ha muerto!</p>
<p>Hansel salió del establo como un pájaro enjaulado cuando abren su prisión.</p>
<p>Cómo se abrazaron y besaron y se regocijaron de ser libres por fin. Como ya no había ningún motivo para seguir sintiendo miedo, entraron en la casa y allí encontraron, en todos los rincones de la sala, cajas de perlas y piedras preciosas.</p>
<p>-Son más bonitas todavía que las piedras blancas -dijo Hansel y se llenó los bolsillos con ellas.</p>
<p>-Yo también quiero llevarme algo a casa -dijo Grettel, y yació un cofre en su delantal.</p>
<p>-Bueno, pero ahora vámonos -dijo Hansel-. Alejémonos del bosque de las brujas.</p>
<p>Después de caminar durante horas, llegaron a un gran lago.</p>
<p>-Por aquí no podemos pasar -dijo Hansel-. No hay ningún puente.</p>
<p>-Ni tampoco ningún transbordador -añadió Grettel-, pero mira, ahí hay un pato. Voy a ver si puede ayudarnos.</p>
<p>Y le llamó del siguiente modo:</p>
<p>-Mi señor don pato, venga usted aquí, que yo de este lago no puedo salir. Le falta algún puente que ayude a cruzar. ¿Y sobre su lomo?, ¿nos podría llevar?</p>
<p>El pato nadó hacia ellos. Hansel montó sobre su lomo y tendió la mano a su hermana.</p>
<p>-No -dijo Grettel-, pesaríamos demasiado y no podría con nosotros. Tenemos que cruzar por separado.</p>
<p>Y, en efecto, así lo hicieron. Al otro lado del lago el bosque les resultaba familiar, y al cabo de un trecho vieron la casa de su padre en la distancia.</p>
<p>Echaron entonces a correr y entraron con estrépito, abrazándose a su padre con alborozo. Su mujer había muerto, pero no era esto lo que más había preocupado al hombre, que no había vivido una sola hora de tranquilidad desde que abandonara a sus hijos en el bosque. Grettel sacudió su delantal y las perlas rodaron por la estancia, mientras Hansel sacaba de sus bolsillos un puñado de piedras preciosas tras otro. Gracias a ellas terminaron sus penurias y pudieron vivir felices para siempre.<font size="1" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><br />
</font></p>
<p></font></p>
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		<title>El soldadito de plomo</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Nov 2007 15:53:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos de navidad]]></category>

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		<description><![CDATA[El soldadito de plomo
Érase una vez un niño que tenía muchísimos juguetes. Los guardaba todos en su habitación y, durante el día, pasaba horas y horas felices jugando con ellos.
Uno de sus juegos preferidos era el de hacer la guerra con sus soldaditos de plomo. Los ponía enfrente unos de otros, y daba comienzo a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><font color="#ff0000">El soldadito de plomo</font></strong></p>
<p>Érase una vez un niño que tenía muchísimos juguetes. Los guardaba todos en su habitación y, durante el día, pasaba horas y horas felices jugando con ellos.</p>
<p>Uno de sus juegos preferidos era el de hacer la guerra con sus soldaditos de plomo. Los ponía enfrente unos de otros, y daba comienzo a la batalla. Cuando se los regalaron, se dio cuenta de que a uno de ellos le faltaba una pierna a causa de un defecto de fundición.</p>
<p><span id="more-24"></span>No obstante, mientras jugaba, colocaba siempre al soldado mutilado en primera línea, delante de todos, incitándole a ser el más aguerrido. Pero el niño no sabía que sus juguetes durante la noche cobraban vida y hablaban entre ellos, y a veces, al colocar ordenadamente a los soldados, metía por descuido el soldadito mutilado entre los otros juguetes.</p>
<p>Y así fue como un día el soldadito pudo conocer a una gentil bailarina, también de plomo. Entre los dos se estableció una corriente de simpatía y, poco a poco, casi sin darse cuenta, el soldadito se enamoró de ella. Las noches se sucedían deprisa, una tras otra, y el soldadito enamorado no encontraba nunca el momento oportuno para declararle su amor. Cuando el niño lo dejaba en medio de los otros soldados durante una batalla, anhelaba que la bailarina se diera cuenta de su valor por la noche , cuando ella le decía si había pasado miedo, él le respondía con vehemencia que no.</p>
<p>Pero las miradas insistentes y los suspiros del soldadito no pasaron inadvertidos por el diablejo que estaba encerrado en una caja de sorpresas. Cada vez que, por arte de magia, la caja se abría a medianoche, un dedo amonestante señalaba al pobre soldadito.</p>
<p>Finalmente, una noche, el diablo estalló.<br />
-¡Eh, tú!, ¡Deja de mirar a la bailarina!<br />
El pobre soldadito se ruborizó, pero la bailarina, muy gentil, lo consoló:<br />
-No le hagas caso, es un envidioso. Yo estoy muy contenta de hablar contigo.<br />
Y lo dijo ruborizándose.</p>
<p>¡Pobres estatuillas de plomo, tan tímidas, que no se atrevían a confesarse su mutuo amor!</p>
<p>Pero un día fueron separados, cuando el niño colocó al soldadito en el alféizar de una ventana.</p>
<p>-¡Quédate aquí y vigila que no entre ningún enemigo, porque aunque seas cojo bien puedes hacer de centinela!-</p>
<p>El niño colocó luego a los demás soldaditos encima de una mesa para jugar.</p>
<p>Pasaban los días y el soldadito de plomo no era relevado de su puesto de guardia.</p>
<p>Una tarde estalló de improviso una tormenta, y un fuerte viento sacudió la ventana, golpeando la figurita de plomo que se precipitó en el vacío. Al caer desde el alféizar con la cabeza hacia abajo, la bayoneta del fusil se clavó en el suelo. El viento y la lluvia persistían. ¡Una borrasca de verdad! El agua, que caía a cántaros, pronto formó amplios charcos y pequeños riachuelos que se escapaban por las alcantarillas. Una nube de muchachos aguardaba a que la lluvia amainara, cobijados en la puerta de una escuela cercana. Cuando la lluvia cesó, se lanzaron corriendo en dirección a sus casas, evitando meter los pies en los charcos más grandes. Dos muchachos se refugiaron de las últimas gotas que se escurrían de los tejados, caminando muy pegados a las paredes de los edificios.</p>
<p>Fue así como vieron al soldadito de plomo clavado en tierra, chorreando agua.</p>
<p>-¡Qué lástima que tenga una sola pierna! Si no, me lo hubiera llevado a casa -dijo uno.</p>
<p>-Cojámoslo igualmente, para algo servirá -dijo el otro, y se lo metió en un bolsillo.</p>
<p>Al otro lado de la calle descendía un riachuelo, el cual transportaba una barquita de papel que llegó hasta allí no se sabe cómo.</p>
<p>-¡Pongámoslo encima y parecerá marinero!- dijo el pequeño que lo había recogido.</p>
<p>Así fue como el soldadito de plomo se convirtió en un navegante. El agua vertiginosa del riachuelo era engullida por la alcantarilla que se tragó también a la barquita. En el canal subterráneo el nivel de las aguas turbias era alto.</p>
<p>Enormes ratas, cuyos dientes rechinaban, vieron como pasaba por delante de ellas el insólito marinero encima de la barquita zozobrante. ¡Pero hacía falta más que unas míseras ratas para asustarlo, a él que había afrontado tantos y tantos peligros en sus batallas!</p>
<p>La alcantarilla desembocaba en el río, y hasta él llegó la barquita que al final zozobró sin remedio empujada por remolinos turbulentos.</p>
<p>Después del naufragio, el soldadito de plomo creyó que su fin estaba próximo al hundirse en las profundidades del agua. Miles de pensamientos cruzaron entonces por su mente, pero sobre todo, había uno que le angustiaba más que ningún otro: era el de no volver a ver jamás a su bailarina&#8230;</p>
<p>De pronto, una boca inmensa se lo tragó para cambiar su destino. El soldadito se encontró en el oscuro estómago de un enorme pez, que se abalanzó vorazmente sobre él atraído por los brillantes colores de su uniforme.</p>
<p>Sin embargo, el pez no tuvo tiempo de indigestarse con tan pesada comida, ya que quedó prendido al poco rato en la red que un pescador había tendido en el río.</p>
<p>Poco después acabó agonizando en una cesta de la compra junto con otros peces tan desafortunados como él. Resulta que la cocinera de la casa en la cual había estado el soldadito, se acercó al mercado para comprar pescado.</p>
<p>-Este ejemplar parece apropiado para los invitados de esta noche -dijo la mujer contemplando el pescado expuesto encima de un mostrador.</p>
<p>El pez acabó en la cocina y, cuando la cocinera la abrió para limpiarlo, se encontró sorprendida con el soldadito en sus manos.</p>
<p>-¡Pero si es uno de los soldaditos de&#8230;! -gritó, y fue en busca del niño para contarle dónde y cómo había encontrado a su soldadito de plomo al que le faltaba una pierna.</p>
<p>-¡Sí, es el mío! -exclamó jubiloso el niño al reconocer al soldadito mutilado que había perdido.</p>
<p>-¡Quién sabe cómo llegó hasta la barriga de este pez! ¡Pobrecito, cuantas aventuras habrá pasado desde que cayó de la ventana!- Y lo colocó en la repisa de la chimenea donde su hermanita había colocado a la bailarina.</p>
<p>Un milagro había reunido de nuevo a los dos enamorados. Felices de estar otra vez juntos, durante la noche se contaban lo que había sucedido desde su separación.</p>
<p>Pero el destino les reservaba otra malévola sorpresa: un vendaval levantó la cortina de la ventana y, golpeando a la bailarina, la hizo caer en el hogar.</p>
<p>El soldadito de plomo, asustado, vio como su compañera caía. Sabía que el fuego estaba encendido porque notaba su calor. Desesperado, se sentía impotente para salvarla.</p>
<p>¡Qué gran enemigo es el fuego que puede fundir a unas estatuillas de plomo como nosotros! Balanceándose con su única pierna, trató de mover el pedestal que lo sostenía. Tras ímprobos esfuerzos, por fin también cayó al fuego. Unidos esta vez por la desgracia, volvieron a estar cerca el uno del otro, tan cerca que el plomo de sus pequeñas peanas, lamido por las llamas, empezó a fundirse.</p>
<p>El plomo de la peana de uno se mezcló con el del otro, y el metal adquirió sorprendentemente la forma de corazón.</p>
<p>A punto estaban sus cuerpecitos de fundirse, cuando acertó a pasar por allí el niño. Al ver a las dos estatuillas entre las llamas, las empujó con el pie lejos del fuego. Desde entonces, el soldadito y la bailarina estuvieron siempre juntos, tal y como el destino los había unido: sobre una sola peana en forma de corazón.</p>
<p>por Hans Christian Andersen</p>
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